domingo, 6 de julio de 2008

Libre

Sí, me quedé, esta semana me quedé. estoy libre para descansar. .... mmmm Asì que desde hoy, màs astillas al fuego, cafè y Serrat.
"Si hay algo que no perdono, bajo ningùn pretexto, es que una mujer, no sepa volar"

Eliseo Subiela, El lado oscuro del corazón

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Nicollettaaa Volaaaaaaaaaaaa!!!

Rodrigo dijo...

Linda peli.
Quizás conozcas el poema completo, quizás no. Pero como a mí me gusta mucho, igual lo leamos juntos todo enterito.
Si?

"No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! —y en esto soy irreductible— no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue —y no otra— la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres.
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. “¡María Luisa! ¡María Luisa!”... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando".

Besos abrazos y todo mi arsenal de afectivo.

Rodrigo dijo...

Linda peli.
Quizás conozcas el poema completo, quizás no. Pero como a mí me gusta mucho, igual lo leamos juntos todo enterito.
Si?

"No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! —y en esto soy irreductible— no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue —y no otra— la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres.
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. “¡María Luisa! ¡María Luisa!”... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando".

Besos abrazos y todo mi arsenal de afectivo.

canastafamiliar dijo...

después de leer el poema compleo dos veces para identificar diferencias entre el primero y el segundo, me di cuenta de que cometí un error producto de otro error.

Tú no eres una mujer pedestre prima. Tú trabajas en un barco.

Saludos te mando desde mi departamento. Hace 7 horas me vino a dejar tu papá, son las 5 de la mañana, y me levanto dentro de 3 horas. Me desplazo de dos en dos, voy cagao de sueño al sueño, luego de haberme quebrado un ratito la cabeza para llegar a lo mismo de siempre: "poesía".

Te dejo saludos e invitaciones del tipo "free pass" para que pases por mi basurero.

Adios.

Gonzalo Cárdenas Loguercio dijo...

Las sirenas tomaron de mi mano, dance con ellas de la mano, vestidas con trajes verdes hechos de luga y lamilla, de pelos largos y colas brillantes, pero solo una logro cautivarme. Tenia la convicción de que no existia
y sin embargo la oigo cada noche
la invento a veces con mi vanidad
o mi desolación o mi modorra
del infinito mar viene su asombro
lo escucho como un salmo y pese a todo tan convencido estoy de que no existe que la aguardo en mi sueño para luego.
Y fue tan solo un momento, en que ella tomo mi mano, me subio en aquel carro de pasión, placer y piel, para llevarme junto a los caballos fosforecentes a la tierra subacuatica cercana a la felicidad.

Hugo Izarra dijo...

Y en esto soy
irreductible.